Mostrando entradas con la etiqueta Quién soy. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Quién soy. Mostrar todas las entradas

lunes, 30 de mayo de 2016

The city is crying

Vas mirando por la ventanilla mientras los faroles de afuera te iluminan y te hacen un eco de incandescencias en el rostro, y hay una pequeña rendija por donde entra el viento que hace que te azote el pelo en la cara. La oscuridad de un túnel, el rostro cansado del hombre de gorro, el motoquero listo para partir a toda velocidad, ansioso por respirar la libertad. La vuelta, el jazz en el fondo. The city is crying suena, sí, la ciudad llora todo el tiempo. Está claro en las caras de todos, la preocupación, el eterno trabajo, los sueños frustrados, el frío que congela los huesos, las diez de la noche y todavía no puedo llegar a mi casa, las ojeras de los días sin poder dormir, el dolor. La noche muy oscura como mis pensamientos y mi pelo y mi esencia. Esperar la micro eterna porque no existe el auto; el vacío.  

sábado, 28 de mayo de 2016

Parte IV: 04:03

Quizás me he cruzado con ella en la calle, quizás un día me pisó y me pidió disculpas, quizás, algún día, iba a mi lado en el metro y me quedé envidiándola por lo bonita que es. No es que no te tenga fe, pero sinceramente, creo que ni siquiera es una tipa que pueda considerarse bonita. Estoy segura que debe ser una cara de nada, pero inteligente como nadie y con esa gracia que pocas personas poseen.
Te posee a ti y eso es algo, algo grande.
No puedo ni quiero dormir. Quiero observarte así, eternamente. Siento que después de esto ya no va a haber nada más. Que nunca te voy a tener, que al fin y al cabo un día te vas a aburrir y me vas a decir –ya, ahora ándate, como si nada. No es que te crea un insensible, no voy a difamarte, sé que no lo eres, pero sí creo que hay veces en las que estás demasiado inmerso en ti mismo, que estás lleno de mierda y mucho miedo y te dejas llevar por ello; hay cosas que se te escapan de las manos y eso te frustra, te rompe el ego, te desconcierta.
Estoy sentada en tu cama, pero me siento tan cansada ya de tanto pensar que decido acostarme. Estás de espaldas hacia mí y me alegro por ello, porque sin poder explicarte, no me siento con fuerzas para poder verte la cara ahora mismo. No puedo mirarte, pero me aterra pensar que en la mañana todo esto se va a acabar y que tal vez ya no te voy a volver a ver. No sé si después de esta noche voy a poder dormir sola en mi cama. Quiero hablarte, necesito hablarte.
Paso mis dedos por tu espalda, dibujándola. Tienes la piel caliente. Te beso el hombro y me levanto un poco para mirar tu cara. Estás tan sereno que me inunda un sentimiento de melancolía. Ojalá pudieses estar así todos los días. Tal vez las cosas serían diferentes.
Tengo un impulso terrible de despertarte, sólo para besarte y verte mientras me miras. Con un dedo te doy golpecitos en el hombro para que salgas de tu sueño. Lo haces y me miras, desconcertado.
-¿Qué pasa? –me preguntas, con la voz ronca.
-Quería mirarte. –te digo y me sonríes, con esa sonrisa de niño.
Acerco mis labios a los tuyos y te beso, lento. Recorro cada hebra de tu pelo con mis dedos, te siento tan cerca y a la vez tan distante…
-Creo que ya terminamos con esto. –te digo cuando me separo de tus labios. Duele en el alma, en el cuerpo, por todas partes duele.
-¿Qué? –y no sé por qué, pero veo un brillo de miedo en tus ojos.
-Que terminamos con esto. Ya fue, ya fue toda esta mierda. Me harto de todo, no quiero ser la segunda siempre.
-¿Segunda qué? ¿De qué estás hablando? No te entiendo.
-La segunda, la segunda. Sí me entiendes.
-Te equivocas, no lo eres. –me respondes mientras intentas tomar mi mano, pero te alejo, sé que tienes miedo y por eso no quieres que me vaya. No te subestimo, pero te conozco.
No te respondo nada, en cambio, me levanto rápido de la cama, voy al baño y me visto con tu voz detrás preguntándome que a dónde voy, que me quede esta noche, que no vas a poder si te vuelve a pasar otra vez. Y con eso me lo dices todo. Sí soy la segunda y hasta que no te des cuenta de todo las cosas van a seguir igual.

-Llámame cuando ya no estés roto. –te digo. Y escucho el silencio en tu habitación, escucho cómo tus sentimientos se hieren de nuevo como pedacitos despegándose de tu alma. No dices nada y esa es la peor respuesta que puedo recibir. Agarro mi bolso y cierro la puerta, dejando ahí dentro de tu departamento las risas y las cervezas, a Chet Faker y tu tocadiscos, las sonrisas ocultas y los ojos expectantes esperando por más, los labios fundidos y la piel caliente; dejándote a ti.

viernes, 27 de mayo de 2016

Parte III: 00:22

Sleeping naked in the night… canta Chet. Tus labios todavía me besan y así quiero estar contigo. Desnudos, bajo tus sábanas. Quiero dormir en tu cama y que me abraces fuerte, quiero poder mirarte mientras duermes, poder tocarte, tocar tu barba que es lo más lindo que tienes, tocar tu pelo alborotado, que sé que no te gusta que lo toquen. Quiero poder.
-Quédate conmigo. –me susurraste. Y no tuviste que decir nada más, sin ruegos, sin toques. Me lo dijiste y ya me tuviste.
Duermo en tu cama, bajo tus sábanas, contigo abrazándome fuerte por detrás, siento tu olor, tu respiración en mi oído. Te contemplo, como una escultura  que está hecha hace mil años atrás recién descubierta. Toco tu barba, la beso. Toco tu pelo alborotado y me dejas. Te toco el borde de la boca con un dedo y nos fundimos juntos. Nos mezclamos, como uno.    
Ahora estás durmiendo y tu boca se abre muy ligeramente, estoy escuchando tu respiración y miro tus pestañas oscuras que me fascinan. Me levanto y me siento en la cama por unos segundos, observando tu habitación. Las persianas de la ventana son blancas y tu cama es como la de un adolescente todavía, con sábanas azules. Al lado se sitúa un velador con una lámpara y encima descansan unos cigarrillos olvidados.
Me dirijo hasta el baño por el estrecho pasillo de tu departamento y me lavo la cara. El jabón que usas es celeste y me burlo mentalmente por ello. Cuando vuelvo a la habitación estás despierto, mirando el techo. ¿Qué estarás pensando?
-¿Qué estás pensando? –te pregunto, y por alguna razón me tiemblan las manos.
-En muchas cosas, ya me conoces…
-Supongo. –te respondo, y sé que puedes notar el oculto tono amargo en mi voz, pero no dices nada.
No sé por qué, pero ahora mismo siento rabia y tristeza a la vez. Bueno, sí lo sé. Supongo que debes estar pensando en ella y me siento inútil, utilizada. Tal vez ella siempre va a ser como el fantasma acechándote cuando no tengas nada más en qué pensar. Tal vez van a pasar años y ella va a seguir inmortalizada en tus libros y todo lo que haces. Entonces, ¿qué se supone que tengo que hacer yo? ¿Lidiar con eso? ¿Conformarme con lo que sobra de ti mientras me besas, me tienes y la tienes presente?
El problema no es que la tengas presente ahí en tu mente, el problema realmente es que ella está presente en tu corazón y cuando la gente se sitúa en esa parte, tan única y tan delicada, deja sus huellas.
-¿Qué pasa? –preguntas, mirándome expectante.
-Nada. –te respondo con una sonrisa.




martes, 24 de mayo de 2016

Parte II: 23:41

Tu departamento es bonito y pequeño como lo imaginé. Me dices que me siente, que de inmediato traes unas cervezas. El sofá es color crema y al lado de la televisión que yace apagada hay un tocadiscos. Te pregunto si funciona y desde la cocina me dices que sí. Me paro y lo hago funcionar. Suena Petite fleur de Sidney Bechet.
-Toma. –me dices y me tiendes la cerveza. Es asquerosa, nunca me ha gustado, pero no te lo digo.
-¿Me vas a leer, finalmente? –te pregunto. Y sin recibir una respuesta te levantas del sofá y traes tu notebook. Lo abres y miro cómo tus ojos se mueven de un lado a otro mientras buscas en tus archivos lo mejor que tienes. La luz del computador ilumina tu cara, te ves bonito cuando estás concentrado.
Te escucho, con tu cuerpo vuelto hacia mí, con el codo apoyado en el respaldo del sofá y tu mano apoyada en la cabeza. Me lees con esa voz hermosa y yo te escucho, atenta, con la boca cerrada mientras sonrío y cierro los ojos. Sidney todavía escuchándose al fondo.
-¿Te gustó? –me preguntas, esperanzado.
-Me encantó. –te respondo con mi mejor sonrisa. Es verdad que me encantó, me encantó tanto que cuando terminaste de leer para mí me carcomió un impulso de acercarme y besarte. Pero no lo hice.
Me sonríes de vuelta, por primera vez en toda la noche.
-¿Has escuchado a Chet Faker?. –te pregunto. Quiero que me digas que sí.
-Sí, es bueno, pero nada como Baker. –me dices, parándote hacia el tocadiscos.
Comienza Love and Feeling y canto, bajo. Me encanta poder escuchar esta música contigo. Música rara, que nadie conoce y a nadie le gusta. Me miras, yo cantando y tú todavía parado al lado del tocadiscos, con una sonrisa oculta en tu cara. Me miras durante tres eternos segundos y yo me río a carcajadas. Te acercas despacio, muy despacio y de repente me siento perdida, no sé qué va a pasar entre nosotros, no sé por qué estoy aquí; si estoy enamorada de ti o si es sólo algún sentimiento pasajero, no sé nada de ti ni de mí, y tengo miedo. De repente siento mis mejillas mojadas y tu pulgar sobre mi rostro, secándolas, con tu carita de preocupado y tus ojos brillando por la sorpresa.
-Perdóname. –te digo, estoy avergonzada, no quiero mirarte.
-Tranquila, ven. –me acercas a tu pecho y me consuelas así, medio acostados en el sofá de tu departamento. Tu mano acariciando mi cabello y la otra encima de mí, protegiéndome. Tu barbilla descansando en mi cabeza, sin preguntas.

Levanto mi rostro hacia ti, y nos miramos, nos contemplamos, nos observamos, como descubriéndonos. Tu boca se acerca a la mía, y con tu mano en mi mejilla, me besas.

lunes, 23 de mayo de 2016

Parte I: Mayo de 2013; 21:30

Hoy me dijiste que ahora no podías hablar, pero que en la tarde me llamarías y así nos podríamos poner de acuerdo para salir o hacer algo, no sabías. Ni siquiera dije que sí, sólo te miré y te fuiste.
No llamaste, pero me enviaste un mensaje preguntando si podíamos juntarnos en ese café del que te hablé una vez mientras nos contábamos cosas triviales. Te respondí que sí, que perfecto. Vine con mi mejor ropa, mi mejor pelo y mi mejor sonrisa, pero ahora estoy llegando a dicho café y mis manos temblorosas me están jugando en contra. Sé que estás aquí porque veo tu auto estacionado justo afuera. Y puedo verte desde el ventanal, con un libro en la mano y un café olvidado, esperando.
Entro y me miras, me miras y no me sonríes, mientras yo te dedico mi más grande sonrisa porque sé que te gusta. Me lo dijiste una vez. La sonrisa me hace ver bonita, ahora sonrío para ti.
-Te ves bonita.-me dices, y siento toda mi cara caliente.
-Gracias. –respondo, a secas mientras me siento al frente de ti.
Mientras me cuentas cómo fue tu día en el trabajo hoy te miro la boca y no te escucho porque realmente no me importa cómo fue tu día en el trabajo hoy. Quiero saber cómo te sientes, qué piensas cuando me miras. Y tu boca se ve suave.
-Entonces le dije que no me…
-¿Qué piensas cuando me miras? –te interrumpo y te miro directo a los ojos. Miro tus pestañas, largas y abundantes. Algo que desde que te conozco me ha gustado de ti.
Sonríes y cierras los ojos por un momento. Me encanta cuando cierras los ojos porque sé que estás pensando en algo profundo y eso me intriga. –Tienes bonita sonrisa, y eres madura, inteligente. –me dices, ahora con tu cara seria, como diciéndome que de verdad lo crees.
-Hmmm. –respondo, y me río, sin dejar de mirarte.
-¿Quieres que vayamos a mi casa? –me invitas. Detrás de esa corta frase hay más que sólo una invitación para conocer tu casa, lo sé por cómo me miras y me siento más que excitada. No sólo de manera sexual, sino que me emociona.
-Vamos. –me levanto y me tomas de la mano para salir de aquí. Y así, con tu mano sobre la mía nos dirigimos hacia tu auto rojo, parecido al color de mis labios que hoy pinté para ti.


sábado, 21 de mayo de 2016

Pensamiento express:

Todos alguna vez en un momento de nuestras vidas deberíamos poder sentirnos felices. Pero, cuando hablo de felicidad me refiero a esa felicidad real. El sentimiento de sentirse pleno, el sentimiento de saber que sea como sea, puedes volar. Que aunque la lluvia esté por encima de tu cabeza y las cosas en ese momento no sean perfectas, puedes salir con una mochila con tus cosas más importantes y dar el salto. Sentirse seguro, sentirse sin miedo. Que todo lo que está en nuestra mente, aunque sea lo más descabellado que se nos ha ocurrido alguna vez, es posible. Que no existen las limitaciones, que las restricciones que te ponen los demás en realidad no son más que sólo palabras. Todos alguna vez en un momento de nuestras vidas deberíamos sentir que si nos subimos a ese tren y nos perdemos, no va a pasar nada. Que vamos a encontrar el tren que nos lleva de vuelta y, finalmente, las cosas van a ser diferentes. 



viernes, 13 de mayo de 2016

Escribo sobre tu sonrisa

Escribo sobre tu sonrisa. Tu no-sonrisa que al fin y al cabo sí lo es; la sonrisa que escondes, que ocultas tras los ojos, intentando tapar también lo que hay más allá. Escribo sobre tu sonrisa porque no existe, porque es discreta, porque finalmente, es una utopía.

jueves, 12 de mayo de 2016

Espacio

Alcancemos la luna, alcancémosla juntos
Caminemos sobre ella y
Después saltemos sobre las estrellas
Siguiendo las luces

Alcancemos el cielo
Mientras miramos desde arriba
Cómo lo demás
Se hace cada vez más pequeño

Alcancemos a amarnos
Como si no hubiese un mundo
De contrastes y metal

Girando en torno a nosotros


domingo, 8 de mayo de 2016

Permiso

Déjame que te mire mientras me tocas como a tu música, con el piano de fondo y las emociones revueltas. Deja que me funda con esa canción que tanto te gusta. Abrázame sabiendo que más abrazos después de este no va a haber. Léeme, pasa por mis hojas y después respírame pensando en que después de esta ya no hay más páginas. Tómame, como si estuviera bien cargada todavía. Déjame tocarte el contorno de los labios, como si estuviera repasando el dibujo que me hiciste ese día que nos tomamos de la mano. Llévame, llévame a tus sitios lejanos que no son lejanos, esos que sólo tú puedes crear. Escríbeme para que cuando no pueda sentirte renazcas nuevamente.

  

viernes, 6 de mayo de 2016

Cielo

La gota se derrama contra la ventana. Cae, y sigue cayendo hasta llegar al borde. Se derrama como cuando dormías y tu pelo quedaba expuesto encima de la almohada. Y tus ojos conectaban con los míos, nuestras miradas se fusionaban, nuestra sangre bombeaba, la respiración agitada. Y me cegaban tus ojos que eran tan penetrantes como sólo podías ser tú. Me cristalizo. Y aun puedo escuchar los latidos de tu corazón, haciéndose cada vez más fuertes y calientes al contacto con mi mano. Puedo oír el aleteo de tus pestañas mientras cerrabas los ojos de nuevo, y se iban como mariposas saliéndote de los párpados. Me acercaba a ti y mis labios se mezclaban con tu boca curva y llena. Tan sólo eso, tan sólo un roce que sabía a poder, sabía a gloria.
Te desnudo con la mirada, te observo como si pudiese ver dentro de ti. Veo un cielo, un cielo con un millón de galaxias estallando mientras se juntan, como nosotros; veo los rayos de luz escondiéndose dentro de ti como una puesta de sol, con el techo anaranjado y las aguas temblorosas mirando desde abajo. Y todo lo demás es una nimiedad, algo difuso, como una cámara cuando está mal enfocada. La existencia en nula, no es: parece ser.

La gota se derrama contra la ventana. Cae, y sigue cayendo hasta llegar al borde. Luego te dormías.


lunes, 2 de mayo de 2016

Retrato

Te dibujo, te dibujo para no olvidarte.
Dibujo tus besos, tus tormentos
Tus dolencias y tus alegrías
Dibujo desde lo más profundo de ti.

Dibujo la manera en que lamías tus labios
Cuando te concentrabas
Tu letra, rápida y nerviosa
Dibujo tu historia,
Y tu manera de entreabrir la boca cuando escribías.

Dibujos tus quejas,
Tus lamentos,
Tus ojos cerrados
Que veían un mundo completo.
Te dibujo a ti

Porque la memoria es divina
Y los recuerdos vienen con fecha de vencimiento.
Y para cuando no me acuerde de ti
Miro tu dibujo y
Siento que existes de nuevo.



domingo, 1 de mayo de 2016

La habitación

Dichosos aquellos a quienes se les permite soñar en grande, aquellos que con un simple salto encima de la cama pueden ver un mundo diferente, inigualable. A las dos de la mañana la lámpara continúa encendida, y dentro de la habitación se sitúan tres niños felices. Visten pijamas rotos, comprados en una tienda de segunda mano. Saltan, se ríen, se divierten, como lo hacen los niños. No les preocupa que la cama esté a punto de destrozarse, que las paredes oscuras comiencen a desquebrajarse, que las frazadas que llevan sus camas no hayan podido ser cambiadas en años, ni que a la mañana siguiente tengan que ser tratados como esclavos. Allá, bien abajo hay un mundo diferente, inigualable. Hay una luna fresca y llena, estrellas que iluminan como faroles en la avenida, hay un río humeante, y un montón de bosques con árboles que han perdurado allí durante siglos. Y los niños ríen, ¿qué más podrían pedir? Son las dos de la mañana y mientras los demás duermen plácidamente en sus camas con sábanas de seda, ellos sueñan. No importa que el padre que está en la habitación de al lado se vaya a levantar con un cinturón en la mano. No importa que la madre después del estruendo ni siquiera se levante para ver cómo están. No importa, porque pueden quitarles la ropa, la cama, la lámpara. Pero nunca les podrán quitar el derecho a soñar. 


viernes, 15 de abril de 2016

Te miré

Te miré por el rabillo del ojo, evitándote, siéndote indiferente. Caminaste, todo alrededor era una nimiedad, algo difuso, como una cámara cuando está desenfocada. Enfoco. Me voy. Pienso y desaparezco.
¿Y qué hay de mí? Sé que soy sólo un macro con demasiado zoom, imposible de notar, imposible de pensar. Pero en toda esta gigantesca utopía me pongo de rodillas y pienso que por favor, por favor algún día algo sí pueda ser una realidad.
El corazón acelerado, las manos temblorosas, los golpes al suelo con un pie que no se puede parar porque está en modo repeat. Las ganas inmensas de estar en alguna de tus neuronas, al menos por cinco segundos. Menos de cinco segundos y yo podría ser feliz. Podría sonreír.
Y en el fondo la música, el motor de un auto, un perro ladrando, el pitido de una tetera hirviendo, tres risas al unísono y mi sangre bombeando como nunca. 
El abismo que nunca llegó me despierta.
¿Qué era antes de esto? ¿Fui algo más, algo diferente? Me pregunto si la gente mirará a tu ausencia mientras camina o soy sólo yo. Soy un vacío perdido, un vacío sin rumbo, soy lo patético, lo frenético, lo ridículo y aun así, con tantas cosas dentro soy un vacío. Tal vez te lo has llevado todo… mi ropa, mi pelo, mis ojos, mis emociones, mí.  
Otro día.
El viento me golpea en la cara, en el cuello, por todas partes. Y sé que cuando vuelvas voy a caer en toda esa abstracción de nuevo, en los detalles, como cuando cerrabas los ojos y todo desaparecía. Desenfoco. Me voy. Pienso y desaparezco de nuevo.



sábado, 5 de marzo de 2016

Hazlo.

La felicidad no tiene exactamente la misma definición para todos. Hay quienes morirían por ganarse la lotería, tener una casa, hijos, una esposa, un esposo. Hay quienes se pierden buscando un amor verdadero sin saber exactamente lo que es. Otros amarían poder ser famosos, ser recocidos por algo, dejar una marca. Hay quienes encuentran la plena felicidad sólo y únicamente en Dios.
Mi felicidad es diferente, es una felicidad estúpida, lo que nadie quiere. Mi felicidad requiere de paisajes y mi mente. Sólo mi mente y yo. No necesito dinero, no necesito que alguien reconozca quién soy. No quiero cosas, no quiero la estúpida ropa por la cual tanto me preocupo y juzgo a la gente. No necesito una casa más grande ni tener un auto. Esas cosas son las que me hacen ser una persona tóxica.
Mi felicidad es tener un mundo enteramente único y mío. Viajar, conocer millones de lugares. Recorrer el mundo. Leer un buen libro, poder escribir un buen texto escuchando buena música. Encontrar a Dios. Conocer gente que sea más feliz que yo.
Sé, estoy segura de que si me alejo de las millones de cosas malas que hay en mi vida voy a encontrar mi felicidad absoluta.
¿Por qué tendría que tener esa ropa? ¿Esa casa? ¿Ese dinero? ¿Por qué tengo que tenerlo si realmente lo que necesito para ser feliz está en otra parte?
¿Y por qué? Dime, ¿tengo que tener ese título? ¿Ir a esa universidad? ¿Por qué tengo que tener ese trabajo el cual no me interesa en lo absoluto? ¿Por qué me tengo que preocupar de hacer lo que gente espera de mí? Dime, porque todavía no encuentro una buena razón.
¿Por qué tengo que vivir como los demás, preocupada de cuánto gano, de cuánto gasto, del trabajo que tengo y lo que hago con mi vida, si con libros, mi mente, Dios, y un buen viaje me basta?
A la mierda la preocupación, a la puta mierda si en cinco años más soy pobre o no. A la mierda toda esa cosa de estudiar, estudiar y estudiar. No me gusta, ¿y si no me gusta por qué tengo que hacerlo? ¿Por qué debería dejar que ALGUIEN, otra persona decida lo que tengo que hacer con mi vida? ¿De verdad tienen idea de lo que es mejor para mí? ¿O sólo ven lo que es mejor para ellos? Yo creo que esa respuesta sí la tengo.
Así que por qué amargarse, ¿por qué pensar en mi colegio de mierda, en mi ciudad de mierda, en las mierdas de personas que me rodean, en lo cansada que estoy, en lo frustrada que me siento, cuando tengo una vida? Cuando tengo amigos, cuando tengo a Dios, cuando tengo una familia, cuando tengo amor, cuando tengo un infinito puto futuro por delante en el cual voy a poder hacer lo que yo quiera, cuando tengo este inmenso mundo hermoso el cual tengo que conocer. No hay excusas, no hay ninguna mierda de barrera que me impida ser y hacer lo que quiero. Está en mi mente, está en TU mente. Sólo hay que dar el puto salto y ya está.


miércoles, 10 de febrero de 2016

Sé quién soy

2000. Soy un bebé, no sé pensar, hacen absolutamente todo por mí y sólo miro, observo a mi alrededor, desconcertada. ¿Quién soy?
2009. Soy una niña, ahora sé perfectamente cómo pensar. Aprendo lo que me enseñan, sigo los pasos de mi mamá y soy muy influenciable. Sé mi nombre, soy egocéntrica. No me importa lo que piensen de mí realmente.
2011. Todavía soy una niña, pero la vida ya no es tan buena como solía serlo. Estoy creciendo y estoy metida en un montón de problemas conmigo misma. No sé QUÉ pensar. Sé quién soy, pero me siento tan perdida y estoy realmente asustada porque no sé qué es lo que viene después. Creo que me estoy hundiendo cada vez más.
2012. Soy una niña, pero no me siento como una; realmente no me doy cuenta de que sigo siéndolo. Pienso que crecí y que es todo aún más complicado que antes. Estoy conociendo a alguien. Realmente debería darme cuenta de que sólo soy una niña. Me estoy destruyendo. Ya no sé cómo salir de esto y todos los días tengo un miedo escabroso. No puedo parar de llorar.
¿Quién soy?
2013. Estoy teniendo nuevos amigos y tengo una pequeña chispita de esperanza. Tal vez las cosas puedan estar bien, como cuando era una niña. Soy adolescente ahora. Y realmente apesta. Sigo perdida.
2014. Las cosas están bien ahora. Conocí a una hermana y a un hombrecito que me salvó la vida. Ya no me siento tan perdida. Aunque sigo metida en un montón de estupideces con gente equivocada, pero así es como tienen que ser las cosas.
2015. Realmente me siento muy bien ahora. Sé mi nombre, sé quién soy, sé exactamente lo que quiero y qué pensar. No soy una tonta, me doy cuenta de muchas cosas. Cambié muchísimo.
2016; 19:15pm Estoy en el límite entre adolescente y adulto. Justo ahí. Pero la verdad es que no me siento preparada para ser un adulto, creo que no es justo. ¿Y si no quiero ser un puto adulto? Uno debería poder elegir.
Vienen un montón de cosas con las que sueño, pero a la vez me aterra. ¿Y si las cosas no resultan como yo quiero? Aunque sé que me va a ayudar. Él siempre lo hace, aunque yo sea una mierda.
Estoy realmente acostada escuchando una música medio relajada/deprimente para inspirarme y estoy feliz de que por fin algo bueno ha salido de mi mente. Se sienten como siglos desde que no escribía algo bueno. O bueno, en realidad ESPERO que esto sea algo bueno. En realidad no importa.

Sé mi nombre, sé quién soy, sé qué quiero, sé qué pensar y sé quién voy a hacer en los próximos seis años. Tengo todo lo que quiero. ¿Qué más necesito saber?