Dichosos aquellos a
quienes se les permite soñar en grande, aquellos que con un simple salto encima
de la cama pueden ver un mundo diferente, inigualable. A las dos de la mañana
la lámpara continúa encendida, y dentro de la habitación se sitúan tres niños felices.
Visten pijamas rotos, comprados en una tienda de segunda mano. Saltan, se ríen,
se divierten, como lo hacen los niños. No les preocupa que la cama esté a punto
de destrozarse, que las paredes oscuras comiencen a desquebrajarse, que las
frazadas que llevan sus camas no hayan podido ser cambiadas en años, ni que a
la mañana siguiente tengan que ser tratados como esclavos. Allá, bien abajo hay
un mundo diferente, inigualable. Hay una luna fresca y llena, estrellas que
iluminan como faroles en la avenida, hay un río humeante, y un montón de
bosques con árboles que han perdurado allí durante siglos. Y los niños ríen, ¿qué
más podrían pedir? Son las dos de la
mañana y mientras los demás duermen plácidamente en sus camas con sábanas de
seda, ellos sueñan. No importa que el padre que está en la habitación de al
lado se vaya a levantar con un cinturón en la mano. No importa que la madre
después del estruendo ni siquiera se levante para ver cómo están. No importa,
porque pueden quitarles la ropa, la cama, la lámpara. Pero nunca les podrán
quitar el derecho a soñar.
domingo, 1 de mayo de 2016
Feria del libro
Les cuento que ayer fui a la feria del libro de Plaza de Armas y la verdad no me decepcionó, pero tampoco me impresionó demasiado. Nada que no haya visto en la "oficial" del año pasado. Lo que sí me gustó es que los libros estaban bastante baratos y mi nueva adquisición fue No ficción de Alberto Fuguet, el cual anhelaba hace ya bastante tiempo. El libro lo comencé a leer anoche y ya me falta menos de la mitad para terminarlo. Estoy intentando no leerlo tan rápido porque quiero disfrutarlo, pero se me hace difícil. Es muy corto, y muy fácil. Aún así me tiene atada. Cuando lo termine tal vez haga una reseña.
Les dejo una foto de mi bebé:
Les dejo una foto de mi bebé:
¡Y que tengan una bonita semana!
sábado, 16 de abril de 2016
Capítulo 7
Toco tu
boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de
mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los
ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo,
la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas,
con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y
que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que
sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.
Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al
cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se
acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando
confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los
labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde
un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis
manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu
pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de
peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es
dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del
aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor
a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.
*Capítulo 7, Rayuela
viernes, 15 de abril de 2016
Te miré
Te miré por el rabillo del ojo, evitándote, siéndote
indiferente. Caminaste, todo alrededor era una nimiedad, algo difuso, como una
cámara cuando está desenfocada. Enfoco. Me voy. Pienso y desaparezco.
¿Y qué hay de mí? Sé que soy sólo un macro con demasiado
zoom, imposible de notar, imposible de pensar. Pero en toda esta gigantesca
utopía me pongo de rodillas y pienso que por favor, por favor algún día algo sí
pueda ser una realidad.
El corazón acelerado, las manos temblorosas, los golpes al
suelo con un pie que no se puede parar porque está en modo repeat. Las ganas inmensas de estar en alguna de tus neuronas, al
menos por cinco segundos. Menos de cinco segundos y yo podría ser feliz. Podría
sonreír.
Y en el fondo la música, el motor de un auto, un perro
ladrando, el pitido de una tetera hirviendo, tres risas al unísono y mi sangre
bombeando como nunca.
El abismo que nunca llegó me despierta.
¿Qué era antes de
esto? ¿Fui algo más, algo diferente? Me pregunto si la gente mirará a tu
ausencia mientras camina o soy sólo yo. Soy un vacío perdido, un vacío sin
rumbo, soy lo patético, lo frenético, lo ridículo y aun así, con tantas cosas
dentro soy un vacío. Tal vez te lo has llevado todo… mi ropa, mi pelo, mis
ojos, mis emociones, mí.
Otro día.
El viento
me golpea en la cara, en el cuello, por todas partes. Y sé que cuando vuelvas
voy a caer en toda esa abstracción de nuevo, en los detalles, como cuando
cerrabas los ojos y todo desaparecía. Desenfoco. Me voy. Pienso y
desaparezco de nuevo.
sábado, 2 de abril de 2016
Cuando vuelva la felicidad, haré como si nada
"Cuando
vuelva la felicidad, haré como si nada. Simularé no darme cuenta, como alguien
que es capaz de vivir sin ella, que aprendió a hacerlo y está bien así. Cuando
vuelva la felicidad, no le diré nada. Fingiré no verla y ya está. Igual que,
mientras estudiaba, sentía que te movías por tu habitación, oía la radio
difundir su música suavemente, aunque no hacía caso porque pensaba que era una
nimiedad. La felicidad era eso, pero yo no lo sabía. A veces, en el silencio me
parece advertir ruidos al otro lado de la pared y aguzo el oído. Pego la oreja
a la pared y escucho. En mi lado sólo el vacío, en el tuyo tu ausencia. Y
vencen siempre: dejo que me aniquilen con el poder de las cosas invisibles.
Cuando vuelva la felicidad, podrá incluso echarse a gritar, pero no permitiré
que me engañe. Cuando era niña me acostabas y luego entornabas la puerta. Oía
que la abuela te preguntaba «¿Se ha dormido?», y tú le contestabas: «Sí, estaba
cansada. Se ha pasado el día jugando. —Y añadías—: Si mañana hace buen día la
llevaré al parque.» La llevo a la playa, la llevo conmigo. Hasta el fin del
mundo. Siempre. Para siempre. Voces procedentes de otra habitación. Luego me
dormía. La felicidad no era un grito, sino un susurro velado.
Debo
recordarlo, a pesar de que sé que nada volverá a ser como antes, que nada
vuelve a ser idéntico a sí mismo. Ese quedo susurro es la única felicidad que
conozco. (…)
Quizá llega
un momento en que todo se resquebraja y luego, poco a poco, se rompe: mi abuela
riéndose en el garaje; la lluvia dentro de tu habitación; un objeto que creías
perdido y que retorna. Y, al final, también tú te conviertes en algo distinto,
aunque de algún modo más exacto. Ya no eres el pensamiento constante que duele,
sino el hecho inesperado que nos sorprende y libera. No hemos puesto el
paraguas en tu habitación, sino bien a la vista en un rincón del recibidor. Lo
hemos colocado de pie, y resplandece de algo que ya no conseguíamos ver."
*Fragmentos sacados del libro La lluvia en tu habitación, Paola Predicatori.
sábado, 5 de marzo de 2016
Hazlo.
La felicidad no
tiene exactamente la misma definición para todos. Hay quienes morirían por
ganarse la lotería, tener una casa, hijos, una esposa, un esposo. Hay quienes
se pierden buscando un amor verdadero sin saber exactamente lo que es. Otros
amarían poder ser famosos, ser recocidos por algo, dejar una marca. Hay quienes
encuentran la plena felicidad sólo y únicamente en Dios.
Mi felicidad es
diferente, es una felicidad estúpida, lo que nadie quiere. Mi felicidad
requiere de paisajes y mi mente. Sólo mi mente y yo. No necesito dinero, no
necesito que alguien reconozca quién soy. No quiero cosas, no quiero la
estúpida ropa por la cual tanto me preocupo y juzgo a la gente. No necesito una
casa más grande ni tener un auto. Esas cosas son las que me hacen ser una
persona tóxica.
Mi felicidad es
tener un mundo enteramente único y mío. Viajar, conocer millones de lugares.
Recorrer el mundo. Leer un buen libro, poder escribir un buen texto escuchando
buena música. Encontrar a Dios. Conocer gente que sea más feliz que yo.
Sé, estoy segura de
que si me alejo de las millones de cosas malas que hay en mi vida voy a
encontrar mi felicidad absoluta.
¿Por qué tendría
que tener esa ropa? ¿Esa casa? ¿Ese dinero? ¿Por qué tengo que tenerlo si
realmente lo que necesito para ser feliz está en otra parte?
¿Y por qué? Dime,
¿tengo que tener ese título? ¿Ir a esa universidad? ¿Por qué tengo que tener
ese trabajo el cual no me interesa en lo absoluto? ¿Por qué me tengo que
preocupar de hacer lo que gente espera de mí? Dime, porque todavía no encuentro
una buena razón.
¿Por qué tengo que
vivir como los demás, preocupada de cuánto gano, de cuánto gasto, del trabajo
que tengo y lo que hago con mi vida, si con libros, mi mente, Dios, y un buen
viaje me basta?
A la mierda la
preocupación, a la puta mierda si en cinco años más soy pobre o no. A la mierda
toda esa cosa de estudiar, estudiar y estudiar. No me gusta, ¿y si no me gusta
por qué tengo que hacerlo? ¿Por qué debería dejar que ALGUIEN, otra persona
decida lo que tengo que hacer con mi vida? ¿De verdad tienen idea de lo que es
mejor para mí? ¿O sólo ven lo que es mejor para ellos? Yo creo que esa
respuesta sí la tengo.
Así que por qué
amargarse, ¿por qué pensar en mi colegio de mierda, en mi ciudad de mierda, en
las mierdas de personas que me rodean, en lo cansada que estoy, en lo frustrada
que me siento, cuando tengo una vida? Cuando tengo amigos, cuando tengo a Dios,
cuando tengo una familia, cuando tengo amor, cuando tengo un infinito puto
futuro por delante en el cual voy a poder hacer lo que yo quiera, cuando tengo
este inmenso mundo hermoso el cual tengo que conocer. No hay excusas, no hay
ninguna mierda de barrera que me impida ser y hacer lo que quiero. Está en mi
mente, está en TU mente. Sólo hay que dar el puto salto y ya está.

miércoles, 10 de febrero de 2016
Sé quién soy
2000. Soy un bebé, no
sé pensar, hacen absolutamente todo por mí y sólo miro, observo a mi alrededor,
desconcertada. ¿Quién soy?
2009. Soy una niña,
ahora sé perfectamente cómo pensar. Aprendo lo que me enseñan, sigo los pasos
de mi mamá y soy muy influenciable. Sé mi nombre, soy egocéntrica. No me
importa lo que piensen de mí realmente.
2011. Todavía soy una
niña, pero la vida ya no es tan buena como solía serlo. Estoy creciendo y estoy
metida en un montón de problemas conmigo misma. No sé QUÉ pensar. Sé quién soy,
pero me siento tan perdida y estoy realmente asustada porque no sé qué es lo
que viene después. Creo que me estoy hundiendo cada vez más.
2012. Soy una niña,
pero no me siento como una; realmente no me doy cuenta de que sigo siéndolo.
Pienso que crecí y que es todo aún más complicado que antes. Estoy conociendo a
alguien. Realmente debería darme cuenta de que sólo soy una niña. Me estoy
destruyendo. Ya no sé cómo salir de esto y todos los días tengo un miedo
escabroso. No puedo parar de llorar.
¿Quién soy?
2013. Estoy teniendo
nuevos amigos y tengo una pequeña chispita de esperanza. Tal vez las cosas
puedan estar bien, como cuando era una niña. Soy adolescente ahora. Y realmente
apesta. Sigo perdida.
2014. Las cosas están
bien ahora. Conocí a una hermana y a un hombrecito que me salvó la vida. Ya no
me siento tan perdida. Aunque sigo metida en un montón de estupideces con gente
equivocada, pero así es como tienen que ser las cosas.
2015. Realmente me
siento muy bien ahora. Sé mi nombre, sé quién soy, sé exactamente lo que quiero
y qué pensar. No soy una tonta, me doy cuenta de muchas cosas. Cambié
muchísimo.
2016; 19:15pm Estoy
en el límite entre adolescente y adulto. Justo ahí. Pero la verdad es que no me
siento preparada para ser un adulto, creo que no es justo. ¿Y si no quiero ser
un puto adulto? Uno debería poder elegir.
Vienen un montón de
cosas con las que sueño, pero a la vez me aterra. ¿Y si las cosas no resultan
como yo quiero? Aunque sé que me va a ayudar. Él siempre lo hace, aunque yo sea
una mierda.
Estoy realmente
acostada escuchando una música medio relajada/deprimente para inspirarme y
estoy feliz de que por fin algo bueno ha salido de mi mente. Se sienten como
siglos desde que no escribía algo bueno. O bueno, en realidad ESPERO que esto
sea algo bueno. En realidad no importa.
Sé mi nombre, sé
quién soy, sé qué quiero, sé qué pensar y sé quién voy a hacer en los próximos
seis años. Tengo todo lo que quiero. ¿Qué más necesito saber?
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